Potro, ejercicio de gimnasia artistica
El potro es uno de los instrumentos utilizados en la gimnasia artística para la realización de diferentes ejercicios, aunque también se utilizan las anillas, las barras asimétricas y la barra de equilibrio. El origen formal de la Gimnasia artística puede considerarse a partir de la creación de la Federación Europea de Gimnasia a finales del siglo diecinueve, y se incluyeron diversas modalidades en las primeras Olimpiadas que se celebraron en Atenas.
Desde Atenas 1896 hasta las olimpiadas londres de 1948 se agrupaban juntas todas las modalidades de gimnasia, sin diferenciar la artística de la atlética. En 1924 se modernizó el sistema de competición de la gimnasia artística, organizándose en tres categorias: Equipos, aparatos e individuales. Pero no fue hasta cuatro años despus, a partir de 1928, cuando las mujeres también pudieron participar en estas pruebas, dando fin a la exclusión femenina.
Las olimpiadas londres de 1948 marcaron el final de una época, y a partir de los siguientes juegos, los de Helsinki 52, las mujeres pudieron participar de forma individual, y se reconfiguraron las pruebas que debían realizar los gimnastas, así como también el número de participantes en cada equipo y el sistema de puntuación para decidir el ganador de las pruebas.
En 1948, en las olimpiadas londres potro fue una prueba de especial relevancia, debido a que sería la última vez que se disputara con la normativa antigua. El potro se utiliza como elemento de salto, y el ejercicio consiste en realizar una acrobacia utilizando el potro como elemento de apoyo y tras tomar impulso gracias a un trampolín colocado unos centímetros antes del potro.
La puntuación de la prueba de potro viene determinada por diversos factores: En primer lugar, cada una de las acrobacias que se pueden ejecutar vienen descritas y tipificadas, y ya tienen previamente asignada una puntuación según la dificultad de ejecución. Además, se tendrá en cuenta que no se cometa ningún error, que se realice con la suficiente altura respecto al suelo y que el gimnasta logre alcanzar la suficiente longitud respecto al potro, consiguiendo un salto alto y largo. Además la prueba debe ser ejecutada con firmeza, manteniendo el control del cuerpo en todo momento, evitando que se añadan pasos que no conforman parte estrictamente del ejercicio, y que el cuerpo acabe perfectamente equilibrado, tanto de pies, como de manos y hombros.