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El factor sensibilidad en las apuestas

Los aficionados a la fotografía saben que lo que determina la calidad de una cámara no es la cantidad de megapixeles que tenga sino la sensibilidad de su sensor. Cuánta más luz sea capaz de recoger mejores serán las fotos.

Con los tipsters de las apuestas deportivas sucede algo bastante parecido, cuanta más sensibilidad tenga mejor.  Sin embargo al contrario que los sensores de las cámaras, que sólo son sensibles a la luz, los seres humanos somos capaces de absorber mucha información de nuestro entorno y en ocasiones un exceso de sensibilidad puede jugar en nuestra contra.

Un tipster puede especializarse en captar las sutilezas de las formulas matemáticas y de las estrategias que se aplican a las apuestas de forma que será capaz de predecir con la máxima exactitud cuales son las probabilidades de victoria de cada equipo y de cada jugador teniendo en cuenta todos los partidos y eventos ocurridos anteriormente.

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En este caso podríamos pensar que estamos ante una supercomputadora humana y que sus predicciones serán infalibles. Pero todos sabemos que el factor suerte y el azar son variables que nadie, ni la máquina más perfecta son capaces de calcular y que pueden volver del revés el resultado del partido más seguro.

Además los seres humanos somos también sensibles a nuestras propias emociones de alegría, tristeza o ira.  Incluso el tipster más curtido puede sufrir una depresión por la muerte de un familiar, o una simple llamada telefónica en el momento más inoportuno puede cambiar su estado de humor y hacerle ver las cosas de otra manera. ¿Cuántos de nosotros no habremos dicho al hacer recuento de nuestros resultados: “en qué estaría yo pensando cuando hice esta apuesta”?

Es por eso que antes de lanzarnos de cabeza a apostar en un deporte nuevo o en una nueva categoría, seamos apostadores nóveles o veteranos debemos dedicar un tiempo a simular nuestros resultados. Con la misma corrección y seriedad que si estuviéramos apostando con dinero real. Dedicándole tiempo y reflexionando. Y sólo cuando veamos que dominamos la nueva materia y podamos usar nuestra sensibilidad para obtener beneficios durante un periodo de tiempo razonable podremos lanzarnos  a la piscina de la nueva experiencia.